Algo de sentimientos encontrados: después de todo, me he ido definitivamente de Sudamérica.
En Colombia, me fui después de Popayán y San Agustín a Armenia, en el mero corazón del eje cafetero colombiano, donde me quedé en una finca cafetera y visité el Parque Nacional del Café. De ahí a Bogotá, donde me encontré con mi amigo Liam, que tal vez algunos conocerán porque me vino a visitar en Chile.
Fuimos al museo de oro de Bogotá--ciudad que se parece bastante a Santiago, por clima, elevación, cultura y gente, con la excepción de que el TransMilenio funciona y el Transantiago está ahí no más--y al museo de Botero. Pero pasamos repoco ahí antes de seguir a Cartagena, donde sí pasamos bastante tiempo.Evidencia del funcionamiento del TransMilenio:

Cartagena es un paraíso. En su casco antiguo, es una ciudad colonial, muy bien restaurada--un poco como La Habana. Y un poco más allá por la costa encuentras un banco de condominios rascacielos para colombianos millonarios y/o narcos. Y de ahí llegas a las casas del Presidente Uribe, de García Márquez y de Shakira. Cuando nos cansamos de recorrer las calles coloniales y los museos, nos mandamos a cambiar a Playa Blanca, una hora afuera de la ciudad en lancha, donde las aguas eran turquesas, cálidas y cristalinas y aún no hay mucho desarrollo turístico (aunque parece que esto está a punto de cambiar, pues nos dijeron que ya se va a construir un gran resort).
Ahí dormimos en hamacas y cubiertos por redes para protegernos de los mosquitos (aunque igual me picaron ene), y durante los días comíamos pescado y nadábamos, e hicimos esnorkel. Me sentía como Jacques Cousteau--nunca había hecho ese tipo de buceo y quedé maravillado con este ecosistema bajo el agua que nunca se ve así como así.
Y pasamos un día en el Parque Nacional Tayrona, más hacia Santa Marta, donde todo es mucho más agreste y hay muy pocas playas donde se puede nadar, por las corrientes peligrosas. Pero igual era muy lindo. Me hubiera encantado colgar una hamaca ahí mismo y dormir al son de las olas, pero no había tiempo.Así que ayer, después de tres chequeos de nuestro equipaje de mano, una inspección completa del equipaje despachado (tuvimos que sacar todo lo que había adentro para que se aseguraran de que no llevábamos drogas), dos chequeos de detectores de metales, y el pago de algunos impuestos (y la devolución de otros--no me pregunten por qué), volamos desde Cartagena a Ciudad de Panama, en un avión de turbohélice.














